La profesora Rosana de artes plásticas comenta sobre aspectos de los adolescentes
jueves, 28 de agosto de 2008
Reseña boletin
Segundo Taller “Espacios de Acompañamiento y Reflexión en el Proceso de Aprendizaje”
Programa Galatea
Reseña
El pasado miércoles 07 de noviembre arrancó el segundo taller “Construcción de Espacios de Acompañamiento y Reflexión en el Proceso de Aprendizaje”, como parte del Programa Galatea. Recordemos que actualmente ya se lleva a cabo el primero de estos talleres que la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y el Instituto de Educación Media Superior del Distrito Federal (IEMS D.F.) coordinan.
En esta ocasión se contó con la presencia de la maestra Myriam Sánchez, directora del Programa Galatea, quien habló de los objetivos generales del taller: reflexionar sobre nuestras prácticas, llevando esa reflexión a nuestros procesos de aprendizaje. También estuvieron presentes los maestros Rubén Regino Benavides Acosta (IEMS D.F), María Guadalupe Rueda Hernández (UACM) y Rita Alejandra Chio Bazany (IEMS D.F.). Aunque la asistencia docente a la primera de las nueve sesiones fue escasa, la discusión resultó enriquecedora y la sesión se prolongó por casi tres horas.
Esta serie de talleres constituye un esfuerzo de las dos instituciones por estrechar lazos académicos, lo cual resultaba urgente, dada la similitud entre ambos modelos educativos. Cabe señalar la disposición de entre los docentes del IEMS al diálogo, a la reflexión y a compartir experiencias, lo cual demuestra la preocupación por mejorar las prácticas educativas.
Dada la demanda, se espera para enero del 2008 abrir un tercer grupo de Taller Galatea. Para seguir el desarrollo e información sobre estos talleres, consultar la siguiente dirección: http://educaciónydialogo.blogspot.com/
Cada miércoles, un grupo de 25 profesores provenientes de diversos planteles del IEMS, se dan cita para reflexionar y compartir con los demás sus prácticas docentes.
Programa Galatea
Reseña
El pasado miércoles 07 de noviembre arrancó el segundo taller “Construcción de Espacios de Acompañamiento y Reflexión en el Proceso de Aprendizaje”, como parte del Programa Galatea. Recordemos que actualmente ya se lleva a cabo el primero de estos talleres que la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y el Instituto de Educación Media Superior del Distrito Federal (IEMS D.F.) coordinan.
En esta ocasión se contó con la presencia de la maestra Myriam Sánchez, directora del Programa Galatea, quien habló de los objetivos generales del taller: reflexionar sobre nuestras prácticas, llevando esa reflexión a nuestros procesos de aprendizaje. También estuvieron presentes los maestros Rubén Regino Benavides Acosta (IEMS D.F), María Guadalupe Rueda Hernández (UACM) y Rita Alejandra Chio Bazany (IEMS D.F.). Aunque la asistencia docente a la primera de las nueve sesiones fue escasa, la discusión resultó enriquecedora y la sesión se prolongó por casi tres horas.
Esta serie de talleres constituye un esfuerzo de las dos instituciones por estrechar lazos académicos, lo cual resultaba urgente, dada la similitud entre ambos modelos educativos. Cabe señalar la disposición de entre los docentes del IEMS al diálogo, a la reflexión y a compartir experiencias, lo cual demuestra la preocupación por mejorar las prácticas educativas.
Dada la demanda, se espera para enero del 2008 abrir un tercer grupo de Taller Galatea. Para seguir el desarrollo e información sobre estos talleres, consultar la siguiente dirección: http://educaciónydialogo.blogspot.com/
Cada miércoles, un grupo de 25 profesores provenientes de diversos planteles del IEMS, se dan cita para reflexionar y compartir con los demás sus prácticas docentes.
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Alberto Aarón Martínez Martínez y Claudia Tonantzin Larrainzar Pérez
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18:11
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Reseña boletin
1a relatoria grupo 2
Segundo Taller Galatea
“Garrotes y zanahorias”
Relatoría del 07 de noviembre de 2007
El comienzo de la reflexión sitúa a los castigos y a los premios en una lógica que parecería partir del sentido común, y que permea diversos ámbitos sociales, como la casa, el trabajo, la escuela, entre otros. Esto deja en evidencia la necesidad de reflexionar sobre las prácticas no sólo educativas, también sobre nuestras prácticas cotidianas. La inquietud de un profesor respecto a los premios y castigos le lleva a hacer una analogía entre la industria y la escuela. Concretamente, su ejemplo parte de las estrategias de premios y castigos que usan en las empresas para motivar y sancionar a los empleados. Sin embargo, la comparación no puede llevarse muy lejos, pues en la escuela tenemos objetivos diferentes a los productivos que pueden tener las empresas, pues ciertamente es muy diferente ser estudiante a ser trabajador.
Se mencionó la dificultad de motivar a los estudiantes y la necesidad de que la motivación y valores que reciben en sus casas dialoguen con la motivación y valores que se aprenden en la escuela. Por ejemplo, cuando la vida les enseña que pueden ganar dinero aunque no estudien; aunque también se dan los casos en los que las expectativas dirigidas a elevar el nivel de vida a partir de los estudios no corresponden con la realidad.
El texto “Garrotes y zanahorias” resulta polémico al hablar de las calificaciones como premios o castigos. Cuesta trabajo ver este tipo de prácticas bajo ese esquema y, en general, se le da la vuelta diciendo que es un tema bastante cuestionable, lo cual es cierto, más no por ello evitable. Por lo general, se tiende a justificar tanto premios como castigos. No obstante, hay que tener cuidado de no confundir premio con reconocimiento.
Se dice que el aprendizaje es una cuestión de autorrealización, que no depende de los premios ni de los castigos. ¿Cómo hacer entonces para no caer en estas prácticas cuando la población estudiantil con la que trabajamos no está acostumbrada a estudiar? ¿Cómo hacer para trabajar con los estudiantes a quienes no les interesa nuestra materia, cómo hacer para interesarlos?
No hay recetas para tratar con los estudiantes, se menciona que lo fácil o difícil de la relación tiene que ver con la apreciación que se tenga del otro. También se pone en evidencia la preocupación por cubrir el perfil de egreso, lo cual viene nuevamente a justificar la lógica de los premios y castigos.
Se dijo que hay que fomentar valores en los estudiantes, hacer con ellos como hacemos con las plantas cuando se les quita un “piecito” y se siembra en otra maceta, este acto significa el quitarnos una parte del gusto que nos llevó a aprender eso y transmitírselo a los estudiantes, más que una reproducción del conocimiento, una reproducción del gusto por el conocimiento. A propósito de esto, quedó claro que la mayoría de los profesores no necesitamos en su momento ni premios ni castigos para estudiar la licenciatura, que la mayoría lo hicimos por gusto.
Se mencionó la importancia de fomentar el interés en la clase quitando formalidad, de esta manera es más factible evitar dar premios y castigos, pues estos constituyen mecanismos de control y resultan violentos. Aunque se aceptó que este tipo de prácticas se dan en todas las edades, se dijo que el modo en cómo se aplican tanto premios como castigos varían según la etapa de formación.
Se señalaron los límites como formas de generar sentido y conciencia. Ciertamente hay que generar límites, pero no confundir los límites con premios y castigos. Comprender los límites implica un trabajo de constante autorreflexión. Los límites horizontalizan las relaciones entre estudiantes y profesores, pues se parte de acuerdos en común.
Para concluir, se habló de que es importante conocernos a nosotros mismos para poder conocer a los estudiantes, a quienes hay que dar libertad de pensamiento y de decisión. Hay que perder el miedo a la libertad.
“Garrotes y zanahorias”
Relatoría del 07 de noviembre de 2007
El comienzo de la reflexión sitúa a los castigos y a los premios en una lógica que parecería partir del sentido común, y que permea diversos ámbitos sociales, como la casa, el trabajo, la escuela, entre otros. Esto deja en evidencia la necesidad de reflexionar sobre las prácticas no sólo educativas, también sobre nuestras prácticas cotidianas. La inquietud de un profesor respecto a los premios y castigos le lleva a hacer una analogía entre la industria y la escuela. Concretamente, su ejemplo parte de las estrategias de premios y castigos que usan en las empresas para motivar y sancionar a los empleados. Sin embargo, la comparación no puede llevarse muy lejos, pues en la escuela tenemos objetivos diferentes a los productivos que pueden tener las empresas, pues ciertamente es muy diferente ser estudiante a ser trabajador.
Se mencionó la dificultad de motivar a los estudiantes y la necesidad de que la motivación y valores que reciben en sus casas dialoguen con la motivación y valores que se aprenden en la escuela. Por ejemplo, cuando la vida les enseña que pueden ganar dinero aunque no estudien; aunque también se dan los casos en los que las expectativas dirigidas a elevar el nivel de vida a partir de los estudios no corresponden con la realidad.
El texto “Garrotes y zanahorias” resulta polémico al hablar de las calificaciones como premios o castigos. Cuesta trabajo ver este tipo de prácticas bajo ese esquema y, en general, se le da la vuelta diciendo que es un tema bastante cuestionable, lo cual es cierto, más no por ello evitable. Por lo general, se tiende a justificar tanto premios como castigos. No obstante, hay que tener cuidado de no confundir premio con reconocimiento.
Se dice que el aprendizaje es una cuestión de autorrealización, que no depende de los premios ni de los castigos. ¿Cómo hacer entonces para no caer en estas prácticas cuando la población estudiantil con la que trabajamos no está acostumbrada a estudiar? ¿Cómo hacer para trabajar con los estudiantes a quienes no les interesa nuestra materia, cómo hacer para interesarlos?
No hay recetas para tratar con los estudiantes, se menciona que lo fácil o difícil de la relación tiene que ver con la apreciación que se tenga del otro. También se pone en evidencia la preocupación por cubrir el perfil de egreso, lo cual viene nuevamente a justificar la lógica de los premios y castigos.
Se dijo que hay que fomentar valores en los estudiantes, hacer con ellos como hacemos con las plantas cuando se les quita un “piecito” y se siembra en otra maceta, este acto significa el quitarnos una parte del gusto que nos llevó a aprender eso y transmitírselo a los estudiantes, más que una reproducción del conocimiento, una reproducción del gusto por el conocimiento. A propósito de esto, quedó claro que la mayoría de los profesores no necesitamos en su momento ni premios ni castigos para estudiar la licenciatura, que la mayoría lo hicimos por gusto.
Se mencionó la importancia de fomentar el interés en la clase quitando formalidad, de esta manera es más factible evitar dar premios y castigos, pues estos constituyen mecanismos de control y resultan violentos. Aunque se aceptó que este tipo de prácticas se dan en todas las edades, se dijo que el modo en cómo se aplican tanto premios como castigos varían según la etapa de formación.
Se señalaron los límites como formas de generar sentido y conciencia. Ciertamente hay que generar límites, pero no confundir los límites con premios y castigos. Comprender los límites implica un trabajo de constante autorreflexión. Los límites horizontalizan las relaciones entre estudiantes y profesores, pues se parte de acuerdos en común.
Para concluir, se habló de que es importante conocernos a nosotros mismos para poder conocer a los estudiantes, a quienes hay que dar libertad de pensamiento y de decisión. Hay que perder el miedo a la libertad.
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Alberto Aarón Martínez Martínez y Claudia Tonantzin Larrainzar Pérez
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miércoles, 27 de agosto de 2008
3a relatoria
Relatoría de "De la motivación y del síndrome de fracaso"
Por: Gabriela Brash Corro, academia de artes plásticas,
Plantel “Emiliano Zapata” Milpa Alta.
La sesión comenzó partiendo de la idea: ‘Yo’ es igual a ‘Nosotros’. Lo primero que hicimos fue una dinámica en la que dibujamos sobre un pliego de papel crafft nuestras siluetas sobreponiéndolas. La reflexión iba en torno a cómo nos sentimos cada uno al estar ahí acostados siendo el modelo de la silueta colectiva, sabiendo que nos antecedió alguno y después sigue otro.
A continuación, Alejandra sacó un muñeco de tela de tamaño natural y nos explicó que en otro tiempo se decía que a los títeres había que manipularlos. Posteriormente se empezó a utilizar el término de ‘animado’, es decir darles vida. Incluso hoy en día se llega a decir que ya tienen vida. Así que, en el supuesto de que éste muñeco tuviera vida, en ese momento era como un lienzo en blanco que se fue pasando por cada compañero, junto con unos plumones, para ir formándolo con palabras y trazos.
El aprendizaje es una formación mutua, todos al enseñar hacemos una labor reciproca que se basa en construir a los estudiantes y construirnos a nosotros mismos. Se citó un texto del filósofo John Dewey, quien habla de la experiencia educativa y resalta la importancia de la continuidad de la experiencia. Así que, el proceso por el cual aprendemos está íntimamente relacionado con el seguimiento de las experiencias vividas. Dewey también dice que hay que atender a los impulsos naturales, ya que de las experiencias impulsivas se recibe un aprendizaje. Por todo esto, habríamos de preocuparnos por seleccionar el tipo de experiencias que creemos importante provocar en el estudiante.
La siguiente actividad se trabajó dividiendo el grupo en cuatro equipos que debían narrar una historia sobre ese ser que creamos como estudiante (persona formada), relacionándola con los textos de La motivación y el síndrome del fracaso. En general, eran historias sobre seres interesantes e inteligentes que, con las experiencias de vida, habían perdido su seguridad interior y que gracias a la motivación por algún factor, se recuperan. Las reflexiones en torno a esto fueron las siguientes: Primero que nada ¿porqué esperar a que alguien llegue a darnos seguridad interior, cómo hacer que uno solo logre su seguridad interior? Se discutió sobre todo que antes de querer motivar al chico con una frase como "échale ganas", había que reflejarse en éste y en el grupo y empezar por echarle ganas nosotros como profesores ¿Por qué se dice que el sujeto es quien fracasa si está formado por todo un sistema? ¿qué es el éxito institucional, que egresen sabiendo qué? ¿porque después de salir de la escuela y haber memorizado todos los contenidos, fracasan en el trabajo? Muchas veces el fracaso institucional surge de la división de las partes que componen una escuela. Es decir, si cada una de éstas se dirige a intereses diferentes, no se trabaja como un ente comunitario y se pierde el fin para el que está hecha la comunidad.
Un fracaso escolar no es un fracaso en la vida y un fracaso curricular o en contenidos, no es un fracaso escolar si lo importante es la experiencia de vida que se está compartiendo con el estudiante. Así que, lo mejor es restar importancia a los objetivos curriculares y pensar en el cúmulo de experiencias que está ganando el estudiante en su paso por la preparatoria. Se habló de la importancia de vincular la escuela con la vida y el empleo, ya que en su origen la escuela crea un ambiente artificial en el que se simula y juega a conocer o aprender un oficio. Es muy necesario buscar qué aplicaciones se pueden dar fuera del área a los conocimientos adquiridos por cada estudiante, integrar y no aislar la escuela con la vida, vincular la escuela a un contexto natural. De esta manera es más fácil motivar a los estudiantes a terminar sus estudios. Un profesor influye mucho en lograr que al estudiante le motive continuar con el curso, sea de la asignatura que sea, aunque no sea a fin a sus intereses personales. Deja la escuela el que siente que no está recibiendo nada de esta, cuando la escuela no te da libertad creativa, etc. Hay que generar estrategias para no perder a los estudiantes durante el curso. Respetar a los estudiantes es, primeramente, conocer lo que ya son y a partir de ahí construir en ellos, sin anular lo que ya hay en ellos.
Para cerrar se reconocieron algunas estrategias básicas para no llegar al fracaso académico:
1.- Tomar en cuenta la importancia del proceso para llegar al resultado, más que el resultado mismo enfocarse en los logros obtenidos en el camino a éste.
2.- Tomar una actitud positiva ante el fracaso y aprender de los errores. Es decir, el fracaso es un aprendizaje, deja conocimiento. Quitarle a los estudiantes el miedo de fracasar porque en realidad nada de eso es grave.
3.- No esperar que la escuela te prepare para el futuro, sino pensar de qué manera nos sirve en el presente.
4.- La educación es un acto de dar.
5.- Es importante configurar nuestros hábitos, no sólo en el aula, sino en nuestra vida cotidiana. Se puede empezar por transformar los términos que utilizamos en nuestro lenguaje y actitudes. Por ejemplo: ¿para qué usar ‘fracaso’? ¿de qué manera abordamos el fracaso, el conocimiento, la motivación y el éxito?
Reflexionar ¿qué nos motiva a estar aquí?
Es positivo prestarse a jugar para aprender y, como en esta sesión, para aprender a enseñar.
Por: Gabriela Brash Corro, academia de artes plásticas,
Plantel “Emiliano Zapata” Milpa Alta.
La sesión comenzó partiendo de la idea: ‘Yo’ es igual a ‘Nosotros’. Lo primero que hicimos fue una dinámica en la que dibujamos sobre un pliego de papel crafft nuestras siluetas sobreponiéndolas. La reflexión iba en torno a cómo nos sentimos cada uno al estar ahí acostados siendo el modelo de la silueta colectiva, sabiendo que nos antecedió alguno y después sigue otro.
A continuación, Alejandra sacó un muñeco de tela de tamaño natural y nos explicó que en otro tiempo se decía que a los títeres había que manipularlos. Posteriormente se empezó a utilizar el término de ‘animado’, es decir darles vida. Incluso hoy en día se llega a decir que ya tienen vida. Así que, en el supuesto de que éste muñeco tuviera vida, en ese momento era como un lienzo en blanco que se fue pasando por cada compañero, junto con unos plumones, para ir formándolo con palabras y trazos.
El aprendizaje es una formación mutua, todos al enseñar hacemos una labor reciproca que se basa en construir a los estudiantes y construirnos a nosotros mismos. Se citó un texto del filósofo John Dewey, quien habla de la experiencia educativa y resalta la importancia de la continuidad de la experiencia. Así que, el proceso por el cual aprendemos está íntimamente relacionado con el seguimiento de las experiencias vividas. Dewey también dice que hay que atender a los impulsos naturales, ya que de las experiencias impulsivas se recibe un aprendizaje. Por todo esto, habríamos de preocuparnos por seleccionar el tipo de experiencias que creemos importante provocar en el estudiante.
La siguiente actividad se trabajó dividiendo el grupo en cuatro equipos que debían narrar una historia sobre ese ser que creamos como estudiante (persona formada), relacionándola con los textos de La motivación y el síndrome del fracaso. En general, eran historias sobre seres interesantes e inteligentes que, con las experiencias de vida, habían perdido su seguridad interior y que gracias a la motivación por algún factor, se recuperan. Las reflexiones en torno a esto fueron las siguientes: Primero que nada ¿porqué esperar a que alguien llegue a darnos seguridad interior, cómo hacer que uno solo logre su seguridad interior? Se discutió sobre todo que antes de querer motivar al chico con una frase como "échale ganas", había que reflejarse en éste y en el grupo y empezar por echarle ganas nosotros como profesores ¿Por qué se dice que el sujeto es quien fracasa si está formado por todo un sistema? ¿qué es el éxito institucional, que egresen sabiendo qué? ¿porque después de salir de la escuela y haber memorizado todos los contenidos, fracasan en el trabajo? Muchas veces el fracaso institucional surge de la división de las partes que componen una escuela. Es decir, si cada una de éstas se dirige a intereses diferentes, no se trabaja como un ente comunitario y se pierde el fin para el que está hecha la comunidad.
Un fracaso escolar no es un fracaso en la vida y un fracaso curricular o en contenidos, no es un fracaso escolar si lo importante es la experiencia de vida que se está compartiendo con el estudiante. Así que, lo mejor es restar importancia a los objetivos curriculares y pensar en el cúmulo de experiencias que está ganando el estudiante en su paso por la preparatoria. Se habló de la importancia de vincular la escuela con la vida y el empleo, ya que en su origen la escuela crea un ambiente artificial en el que se simula y juega a conocer o aprender un oficio. Es muy necesario buscar qué aplicaciones se pueden dar fuera del área a los conocimientos adquiridos por cada estudiante, integrar y no aislar la escuela con la vida, vincular la escuela a un contexto natural. De esta manera es más fácil motivar a los estudiantes a terminar sus estudios. Un profesor influye mucho en lograr que al estudiante le motive continuar con el curso, sea de la asignatura que sea, aunque no sea a fin a sus intereses personales. Deja la escuela el que siente que no está recibiendo nada de esta, cuando la escuela no te da libertad creativa, etc. Hay que generar estrategias para no perder a los estudiantes durante el curso. Respetar a los estudiantes es, primeramente, conocer lo que ya son y a partir de ahí construir en ellos, sin anular lo que ya hay en ellos.
Para cerrar se reconocieron algunas estrategias básicas para no llegar al fracaso académico:
1.- Tomar en cuenta la importancia del proceso para llegar al resultado, más que el resultado mismo enfocarse en los logros obtenidos en el camino a éste.
2.- Tomar una actitud positiva ante el fracaso y aprender de los errores. Es decir, el fracaso es un aprendizaje, deja conocimiento. Quitarle a los estudiantes el miedo de fracasar porque en realidad nada de eso es grave.
3.- No esperar que la escuela te prepare para el futuro, sino pensar de qué manera nos sirve en el presente.
4.- La educación es un acto de dar.
5.- Es importante configurar nuestros hábitos, no sólo en el aula, sino en nuestra vida cotidiana. Se puede empezar por transformar los términos que utilizamos en nuestro lenguaje y actitudes. Por ejemplo: ¿para qué usar ‘fracaso’? ¿de qué manera abordamos el fracaso, el conocimiento, la motivación y el éxito?
Reflexionar ¿qué nos motiva a estar aquí?
Es positivo prestarse a jugar para aprender y, como en esta sesión, para aprender a enseñar.
Publicado por
Alberto Aarón Martínez Martínez y Claudia Tonantzin Larrainzar Pérez
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18:30
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